Volver a la rutina sin volver a perderte
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Septiembre suele llegar cargado de comienzos. Volvemos al trabajo, al colegio, a los horarios, a las agendas y a las obligaciones. Y, casi sin darnos cuenta, volvemos también a correr. A levantarnos pensando en todo lo que tenemos que hacer. A vivir pendientes de la siguiente tarea. A responder mensajes mientras hacemos otra cosa. A llegar al final del día con la sensación de haber hecho mucho... pero de haber estado poco presentes. Por eso, quizá la verdadera pregunta al empezar septiembre no sea:
“¿Cómo voy a organizarme para llegar a todo?”
Sino: “¿Cómo quiero vivir mientras hago todo aquello que tengo que hacer?”
La rutina no es el problema Necesitamos rutinas. Nos aportan estructura, seguridad y organización. El problema aparece cuando la rutina se convierte en automatismo.
- Cuando dejamos de escucharnos.
- Cuando seguimos funcionando aunque estemos cansados.
- Cuando decimos “sí” mientras nuestro cuerpo está pidiendo parar.
-Cuando normalizamos vivir con tensión, irritabilidad o ansiedad porque pensamos que simplemente “es lo que toca”. Podemos estar cumpliendo con todas nuestras responsabilidades y, al mismo tiempo, estar alejándonos de nosotros mismos.
Tu cuerpo suele darse cuenta antes que tú Muchas veces el cuerpo empieza a hablar antes de que podamos poner palabras a lo que nos sucede.
• dificultad para dormir;
• tensión muscular;
• dolores de cabeza;
• sensación de presión en el pecho;
• molestias digestivas;
• cansancio constante;
• irritabilidad;
• necesidad de estar siempre haciendo algo.
No siempre necesitamos hacer más. A veces necesitamos escucharnos más.
No tienes que empezar septiembre siendo una versión perfecta de ti Existe cierta presión por comenzar una nueva etapa haciendo ejercicio, comiendo mejor, organizándonos perfectamente, siendo productivos y consiguiendo todos aquellos objetivos que dejamos pendientes antes del verano.
Pero cuidarnos no debería convertirse en otra obligación. Quizá este septiembre no necesites cambiar radicalmente tu vida.
Quizá puedas empezar simplemente preguntándote:
- ¿Cómo estoy realmente?
-¿Qué necesito en este momento?
- ¿Qué cosas me están quitando demasiada energía?
- ¿Qué quiero conservar en mi vida aunque vuelva la rutina?
- ¿Dónde necesito poner un límite?
Son preguntas sencillas, pero detenernos a responderlas puede cambiar nuestra manera de vivir el día a día. Deja pequeños espacios donde puedas encontrarte No hace falta disponer de una hora diaria para meditar ni transformar completamente nuestra agenda.
La consciencia también puede aparecer en pequeños momentos.
• Tomar el café sin mirar el móvil.
• Caminar unos minutos prestando atención al entorno.
• Respirar profundamente antes de entrar al trabajo.
• Preguntarte cómo estás antes de responder automáticamente “bien”.
• Compartir tiempo con alguien sin estar pendiente de una pantalla.
• Decir que no cuando realmente necesitas decir que no.
• Permitir que durante unos minutos no tengas que producir, solucionar ni demostrar nada. Pequeños espacios donde simplemente puedas estar.
Este septiembre, no vuelvas al piloto automático La vida seguirá teniendo obligaciones, imprevistos y días difíciles. No podemos controlar todo lo que sucede fuera de nosotros, pero sí podemos aprender a observar cómo estamos viviendo aquello que sucede.
Quizá cuidarnos consista precisamente en eso: en dejar de pasar por nuestra propia vida con prisa; en escucharnos antes de llegar al límite; en reconocer nuestras necesidades sin juzgarlas; en permitirnos parar; y en recordar que detrás de todas las funciones que desempeñamos sigue existiendo una persona que también necesita atención.
Este septiembre puedes volver a muchas cosas.
Solo procura no dejar de volver también a ti.
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