LA ANSIEDAD NO ES EL ENEMIGO

5 de Agosto de 2026


Cuando alguien llega a mi consulta diciendo “tengo ansiedad”, casi siempre espera que le explique cómo eliminarla para siempre. Y aquí traigo una buena noticia: no hace falta declararle la guerra. Con los años he descubierto que la ansiedad casi nunca es el verdadero problema, sino una señal. Y las señales, cuando aprendemos a leerlas, se convierten en una guía muy valiosa hacia nuestro bienestar.

¿Cómo se genera? Todos cargamos, sin saberlo, con creencias como “no soy suficiente” o “no puedo fallar”. Estas creencias actúan como un filtro que a veces distorsiona la realidad: un comentario neutro de un jefe (“revisa este informe”) puede convertirse, si llevo ese filtro dentro, en “estoy fallando”. La buena noticia es que, en cuanto identificamos el filtro, ya tenemos en nuestras manos la posibilidad de cambiarlo.

Por qué no siempre tiene una causa “lógica” (y por qué eso también es esperanzador). La investigadora Candace Pert demostró que las emociones dejan huella bioquímica en todo el cuerpo, no solo en la mente. Por eso he visto a tantos pacientes sentir el pecho oprimido o taquicardia sin encontrar una razón racional: el patrón sigue activo en el sistema nervioso, aunque su origen ya no se recuerde conscientemente. Recuerdo el caso de M, que sufría una reacción física intensa ante cualquier crítica. Al explorar juntas su historia, encontramos el origen: de niña había aprendido que “equivocarme significa perder el amor”. Y lo hermoso es esto: si el cuerpo pudo aprender ese patrón, también puede aprender uno nuevo. M lo consiguió, y muchos otros lo consiguen cada día.

Controlar más no ayuda… pero soltar sí funciona. Cuanto más intentamos anticiparlo todo, más ansiedad aparece, porque le exigimos a la vida algo imposible: certeza total. La parte alentadora es que la verdadera seguridad no depende de controlarlo todo. Nace de conectar con un nivel más profundo de nosotros mismos, uno que ya está ahí, esperando a que lo descubramos.

El camino de salida: observar sin identificarse. El caso de L me encanta contarlo porque es muy esperanzador. Le propuse una imagen sencilla: “estás en una estación y vendrán trenes —los pensamientos—, pero no tienes que subirte a ninguno”. Poco a poco aprendió a no subirse a cada pensamiento que aparecía —“voy a fracasar”— y en su lugar simplemente notarlo: “ha aparecido un sentimiento de fracaso”. Con la práctica descubrió algo realmente liberador: un pensamiento que no se alimenta acaba disolviéndose solo. Hoy L vive con mucha más calma, y esa misma transformación está al alcance de cualquiera que se lo proponga.

Tres ideas para quedaros, con cariño:

1. La ansiedad casi nunca habla del presente; en el fondo, os está protegiendo de un peligro que ya pasó.

2. Notar el pensamiento en vez de creéroslo es el primer paso, y es un paso que todos podemos aprender a dar.

3. La calma no viene del control, sino de confiar un poco más en la vida y en vosotros mismos. Y esa confianza, os lo prometo, se entrena y se fortalece con cada pequeño paso.

Espai Conscient, un lugar seguro en el que crecer.

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