Dejar de vivir en automático
Volver al momento presente
¿Cuántas cosas haces cada día sin estar realmente presente?
Te levantas, miras el móvil, desayunas, conduces, trabajas, respondes mensajes, haces la compra, preparas la cena… y cuando termina el día puedes tener la sensación de que has hecho muchas cosas, pero que apenas has estado verdaderamente en ninguna de ellas.
A esto podemos llamarlo vivir en automático.
No significa necesariamente que haya algo mal en nuestra vida. El automatismo es una capacidad natural de la mente: nos permite realizar multitud de acciones sin tener que pensarlas conscientemente. El problema aparece cuando ese funcionamiento automático deja de limitarse a nuestras rutinas y empieza a dirigir también nuestras emociones, pensamientos y decisiones.
Cuando el pasado dirige el presente
Gran parte de nuestras reacciones actuales están condicionadas por experiencias anteriores.
Una palabra, un gesto o una situación pueden activar automáticamente una interpretación:
“No me valora.”
“Seguro que va a salir mal.”
“Tengo que demostrar que puedo.”
“No soy suficiente.”
“Siempre me pasa lo mismo.”
Y muchas veces no nos damos cuenta de que estamos interpretando el presente desde nuestras experiencias, heridas, miedos y creencias del pasado.
Entonces sucede algo importante: dejamos de responder a lo que está ocurriendo y empezamos a reaccionar a lo que nuestra mente nos dice que está ocurriendo. Ahí comienza el automatismo psicológico.
Tú no eres cada pensamiento que aparece en tu mente
Una de las ideas centrales de Eckhart Tolle es aprender a observar la mente sin identificarnos completamente con ella.
Normalmente ocurre algo así:
Aparece un pensamiento → creemos el pensamiento → surge una emoción → reaccionamos desde ella.
Pero podemos introducir un espacio entre el pensamiento y nuestra respuesta. En lugar de pensar “Esto es así”, podemos empezar a reconocer: “Estoy teniendo el pensamiento de que esto es así.”
Parece un cambio pequeño, pero psicológicamente puede ser enorme. En el primer caso estamos dentro del pensamiento. En el segundo, estamos observándolo. Y cuando podemos observar un pensamiento, empezamos a descubrir que no somos únicamente ese pensamiento.
Una práctica inspirada en Eckhart Tolle: volver al presente
Puedes practicarlo varias veces al día, especialmente cuando notes preocupación, enfado, ansiedad o una reacción emocional intensa.
1. Detente unos segundos. No intentes solucionar inmediatamente lo que estás sintiendo.
2. Observa qué está diciendo tu mente. Pregúntate: ¿Qué estoy pensando ahora mismo? No juzgues la respuesta. Simplemente obsérvala.
3. Lleva la atención al cuerpo. Nota la respiración. Siente los pies apoyados en el suelo. Percibe las manos. Observa si existe tensión en el pecho, el abdomen, la mandíbula o los hombros. No necesitas cambiar esas sensaciones. Solo sentirlas.
4. Mira lo que te rodea. Durante unos segundos, abandona la historia mental y presta atención a lo que existe realmente aquí: los sonidos, la luz, los colores, la temperatura, tu respiración y tu cuerpo.
5. Hazte una pregunta sencilla: ¿Qué está ocurriendo realmente ahora mismo?
No qué podría ocurrir mañana. No qué ocurrió hace cinco años. No qué imaginas que piensa otra persona. Ahora.
Muchas veces descubriremos que una parte importante de nuestro sufrimiento no procede exclusivamente del instante presente, sino de la historia que nuestra mente está construyendo alrededor de él.
El ejercicio de los 60 segundos
Puedes convertir esta práctica en un pequeño hábito cotidiano. Una o varias veces al día, dedica 60 segundos a estar completamente presente.
Durante ese minuto: no mires el móvil, no intentes llegar a ninguna conclusión y no luches contra tus pensamientos. Simplemente observa. Respira. Siente tu cuerpo. Escucha los sonidos que existen a tu alrededor.
Y cuando aparezca un pensamiento, en lugar de seguirlo, reconoce: “Hay un pensamiento.” Y vuelve al presente.
No se trata de dejar la mente en blanco. Se trata de dejar de seguir automáticamente todo lo que la mente produce.
Entre el estímulo y la respuesta aparece un espacio
Cuando vivimos en automático, reaccionamos. Cuando desarrollamos presencia, empezamos a poder elegir nuestra respuesta.
Comentario → emoción → observación → elección → respuesta.
Ese pequeño espacio puede transformar profundamente nuestra manera de relacionarnos con nosotros mismos y con los demás.
Porque la libertad psicológica no consiste en controlar todo lo que ocurre fuera de nosotros. Consiste también en descubrir que no tenemos que obedecer automáticamente cada pensamiento, cada miedo ni cada impulso que aparece dentro de nosotros.
Salir del automático no significa controlar la mente
Existe una paradoja. Cuanto más intentamos obligarnos a “no pensar”, más pensamientos aparecen.
La práctica de la presencia propone algo diferente: observar sin luchar. El pensamiento puede estar ahí. La emoción puede estar ahí. La incomodidad puede estar ahí. Pero también existe una parte de nosotros capaz de darse cuenta de todo ello.
Podemos pasar de “Estoy enfadado” a “Hay enfado en mí y puedo observarlo”. De “Tengo miedo” a “Estoy sintiendo miedo en este momento”.
La emoción sigue siendo real, pero ya no ocupa necesariamente toda nuestra identidad.
Volver a estar presentes en nuestra propia vida
Quizá despertar del automático no sea hacer grandes cambios. Quizá empiece con algo mucho más sencillo.
Beber un café y realmente saborearlo. Caminar sintiendo nuestros pasos. Escuchar a alguien sin preparar mentalmente la respuesta. Observar un pensamiento sin convertirlo inmediatamente en una verdad. Sentir una emoción antes de actuar desde ella. Respirar conscientemente durante un minuto.
Porque nuestra vida siempre está ocurriendo en el mismo lugar: aquí y ahora.
El pasado aparece como recuerdo. El futuro aparece como pensamiento. Pero la experiencia de estar vivos sucede siempre en el presente.
¿Estoy viviendo este momento o simplemente estoy pensando en mi vida mientras esta sucede?
Volver al presente no significa renunciar a nuestros objetivos, responsabilidades o proyectos. Significa estar presentes mientras vivimos nuestra propia vida.
Y cada vez que nos damos cuenta de que hemos vuelto al automático, ya ha sucedido algo esencial: nos hemos dado cuenta.
Ese instante de conciencia ya es el comienzo del regreso.

